Tras las vacaciones de Semana Santa, y de las Fiestas de Primavera –en Murcia- hemos retomado el “curso político”, y lo hemos hecho en medio de sobresaltos. Acaso porque vivamos en tiempos revueltos.

Así saltó la noticia del accidente doméstico del nieto del Rey, que revelaba cierta peculiaridad, más allá de la condición de los propios actores, por las circunstancias de dicho accidente, mediando un arma de fuego con lesiones para un menor de edad. Algo que empezó a desatar todo tipo de rumores, de comentarios y censuras sobre la pertinencia de la proximidad de las armas de fuego a los menores. En definitiva sobre los cuidados de los niños. Aunque sabido es que los niños por sus propias condiciones de la edad, por su curiosidad, y su inconsciencia del riesgo, son dados a acometer peligros que pueden sorprender a cualquier padre, madre o cuidador. Otra cosa, es que se participe con niños en actividades que entrañan su peligro, como la del uso de este tipo de armas.

Pero pronto esta noticia empezó a quedar superada por las nuevas acometidas de los mercados internacionales sobre la deuda española, pues llegaron a subir la prima de riesgo a niveles alarmantes para la estabilidad de la maltrecha economía española. De ahí que se desatara cierto pánico en los ambientes financieros y oficiales del país, con la programación de una ronda de visitas del ministro de economía por Europa, y otras del presidente Rajoy por Iberoamérica. Si bien la tozudez de los mercados hizo que nuevas emisiones de deuda se suscribieran a unos altos intereses inconvenientes para la deuda pública española, entre tanto el Banco Central Europeo observaba impasible los acontecimientos. Acaso reservándose para mejor ocasión. Pero ciertamente el perjuicio a nuestra economía no cesaba, sin que se haya dado una respuesta solidaria y coordinada desde la UE para ayudar a países socios en dificultades, que pudieran acabar repercutiendo esas dificultades al conjunto general de la UE.

Si bien, como si en una montaña rusa estuviéramos montados, de nuevo la actualidad tomó el relevo con un lamentable accidente del Rey en una cacería en Botsuana, que más allá del daño físico –felizmente superado por intervención quirúrgica-, trajo consigo una catarata de críticas contra el monarca por su aparente despreocupación ante la situación del país con un 25% de paro, que da a pensar una insensibilidad personal que nunca antes se había presentado de forma tan cruda. Y que hoy por hoy, han horadado seriamente el prestigio de la institución –ya dañada recientemente por el caso Urdangarín, aún sub iudice, de consecuencias todavía imprevisibles-.

Pero como si estuviéramos inmersos en una tempestad, de nuevo la fatalidad fijaba en nuestro país, y otra lamentable noticia saltaba a primera plana de la prensa nacional e internacional; se trataba de la nacionalización de la mayoría de las acciones que REPSOL tenía en YPF por parte del Gobierno argentino, so pretexto de deficiencias inversoras de la petrolera española en el país austral. Si bien, la forma en que se ha llevado a cabo el proceso expropiatorio y su fijación solo sobre la petrolera española aporta importantes sombras de legalidad e intencionalidad del gobierno argentino, que ha granjeado una crisis diplomática entre ambos países, que el gobierno español habrá de resolver con tiento –pues además de defender los intereses españoles y la consecuente aplicación de la legalidad, debe de precaver porque no se contagie la acción a otras importantes empresas españolas en el país austral-.

Así pues, una convulsa, inquietante y apasionante –desde el punto de vista informativo- vuelta al curso político, después de este corto descanso, que nos aboca a unas difíciles encrucijadas que, seguro harán historia, y marcarán en mayor o menor medida, el futuro incierto que está por venir.