Dicen que el ser humano es el único capaz de realizar lo más grande y al tiempo lo más miserable, como consecuencia de la condición humana. Y también parece que la condición humana conlleva cierto grado de orgullosa vanidad de presentar grandezas, aunque se escondan miserias.

Acaso, la anterior reflexión nos pueda ayudar un poco a comprender algo el temperamento y la actitud de gran parte de nuestra clase política, que por una parte nos está transmitiendo la falta de dinero público que les lleva a importantes recortes en servicios públicos de primera necesidad como la sanidad y la educación, pero al mismo tiempo, nos están presentando grandezas como la construcción de un nuevo aeropuerto a menos de 30 kms de otro existente –para el que además no tenemos garantizada sus sostenibilidad económica-, o también se nos habla de la próxima llegada del tramo de construcción de la alta velocidad ferroviaria –que como todo el mundo sabe, es todo menos barata-, o incluso se nos presenta un proyecto de construcción del corredor ferroviario del Mediterráneo con una inversión de más de treinta mil millones de euros. ¿Alguien lo entiende?.

Eso sí, el recurso dramático al préstamo por parte de nuestras instituciones públicas de todo ámbito, color y condición, no cesa, en clara contradicción con la prédica política general de exigencias de austeridad, y sobre todo de productividad. Para lo cual, lo que parece que importaba era una reforma laboral que ha dejado inermes y desarmada a la clase trabajadora de nuestro país –en un retroceso histórico sin precedentes- acercándonos cada vez más a los mercados laborales angloamericanos (aunque el dinamismo económico de estos es muy superior al español) y distanciándonos de los sistemas de relaciones laborales y empresariales de porte continental europeo (alemán, francés e italiano).

En medio de todo este marasmo político-económico, se hace una reforma sanitaria y educativa, que parece el preámbulo del desmoronamiento del Servicio Sanitario Público y del Sistema Educativo, ambos pilares del Estado del Bienestar que se cuestiona sin rubor, mientras no desaparecen instituciones y organismos clonados en este Estado Autonómico en deconstrucción que suponen importantes vías de gasto injustificado para gloria del “pesebre territorial”.

Y como si no tuviera apenas relación, se nos anuncian esas grandezas con sus ingentes gastos, al tiempo que se insinúan nuevas medidas de recorte como los peajes de las autovías, o el pago del menú hospitalario por parte de los pacientes ingresados en los hospitales públicos de algunas autonomías; amen de nuevos reajustes salariales a los empleados públicos en un futuro más o menos próximo para salvar el presupuesto anual.

Sin embargo el empleo político no aparece en ninguna agenda de reducción y ajuste. Y eso, que nuestro país tiene más de 300.000 cargos políticos institucionales que tiene Alemania, pues mientras este país mucho más poderoso económicamente que España tiene poco más de 100.000, España tiene más de 400.000. Como también tenemos más aeropuertos públicos que Alemania, y así una larga lista de incoherencias que nos han llevado a la situación económica que padecemos.

Y por cierto, dicen prestigiosos economistas que nos olvidemos de retornar al progreso económico hasta tanto no consigamos concluir la reforma financiera con el ajuste bancario necesario. Sector privilegiado por los diferentes gobiernos, cuyas ayudas en numerario y en especie, aún no han mostrado la menor eficacia, y que aún necesitan en torno a unos 170.000€ a corto plazo. ¿Cómo piensan resolverlo sus responsables y el Gobierno?. Por tanto, en medio de tan preocupante fiasco, las grandezas suenan a “cuento chino”, cuando no a inoportuna e imprudente temeridad.