Domingo Delgado

       
El PP con su mayoría absoluta acaba de dar curso a una nueva ley del sistema educativo en España (la LOMCE), que viene a ser la fórmula conservadora  para el arreglo de los males de la educación –de los que se dice son también causantes del alto nivel de paro (¿?)-.

El problema es que al no haber consenso político, como no lo hubo anteriormente cuando gobernaba el PSOE, también se dio la fórmula para la educación –según la izquierda- y así nos llegan a la memoria siglas diversas de diverso tipo de leyes de educación (LOGSE, LOE), que han durado mientras el signo político del gobierno que las creó mantuvo su mayoría parlamentaria.

Tal hecho nos lleva a pensar, que de igual manera, cuando cambie el signo político del Gobierno volveremos a tener otra ley para la educación no universitaria en España, como viene siendo habitual.

Sin embargo, los ciudadanos contemplamos atónitos los vaivenes de las diferentes políticas educativas (tanto de derechas como de izquierdas), con los consiguientes cambios de contenidos programáticos, de itinerarios curriculares, y de condiciones para el desarrollo y evolución de los estudiantes en los niveles de la enseñanza básica y media.

Ni que decir tiene que si nos atenemos a la “venta política” de cada una de las respectivas leyes, se nos dirá por sus postuladores que va a resolver todos los problemas de la enseñanza en nuestro país, y en algún caso –como ha llegado a decir el ministro Wert va a contribuir a solucionar hasta el paro-. Entre tanto, estudiantes, profesorado y padres de familia son traídos y llevados como mercancía al logro de unos objetivos electoralistas de uno y otro bando.

Tal hecho, por tanto, pone de manifiesto el nivel de ideologización que tiene la enseñanza en nuestro país, y la batalla política que se disputa sobre el control de los contenidos y formas de la enseñanza, pues según el sesgo que se le otorgue a la instrucción de las nuevas generaciones serán más o menos críticos con la realidad social, y por ende más o menos moldeables a las sugerencias y consignas del poder.

Hasta tal punto esto es así, que la pretensión manipuladora no sólo se orienta sobre contenidos filosófico, sociales, antropológicos, que generan una determinada cosmovisión de la realidad en que se vive, y que varía ostensiblemente según se enfoque desde uno u otro prisma; sino que también entra en juego de forma habitual el hecho religioso que hace que se incluya o no, según el perfil político que gobierne el Estado, la asignatura de religión (que ha generado una extraña contratación de profesorado –elegido por la jerarquía episcopal y retribuido por la correspondiente Comunidad Autónoma -).

Ante tal situación, con el fin de dar una estabilidad política a la educación, que debía considerarse como una cuestión de Estado, ¿no sería más justo y conveniente que se consensuara unos contenidos e itinerarios entre las fuerzas políticas más representativas, que dotaran de estabilidad y coherencia a la educación ante este continuo bamboleo político?.

De hecho, la oposición ya anunciado que cuando lleguen al poder cambiarán la ley nuevamente, e incluso el PSOE ha llegado a decir que tal situación les da pie a denunciar los Acuerdos con la Santa Sede cuando lleguen al poder, para eliminar la religión de la escuela, en un gesto “neoiconoclasta” de retomar el anticlericalismo tradicional de la izquierda española, que parecía superado, pues tiempo de haber denunciado los acuerdos con la Santa Sede ha tenido precisamente Rubalcaba  en todos los prolongados años de gobierno que ha desempeñado.

¿Quién se cree ya estas cosas….?.

Domingo Delgado

       
Más de seis millones de parados, que supone acercarse al 30% de paro de la población activa, es un auténtico drama nacional que representa un alto peligro social y político, que puede llevar a un estallido social ante la desesperación de personas que se encuentran en auténtico desamparo social en las puertas de la marginalidad, auténtico “barril de pólvora” que genera inestabilidad socio-política.

Ante esta situación, ya no caben vanas promesas, mucho menos dar más “vueltas de tuerca” de recortes a la esquilmada clase media y trabajadora; y mucho menos criminalizar la lógica protesta.

Si una sociedad en esta situación de profundo fracaso económico y político, -pues el dejar fuera del ámbito de la actividad a más del 30% de la población activa es un fracaso de sociedad- no protesta, estaríamos ante un cuerpo social difunto. Pues el sufrimiento de la clase trabajadora es grande, padece el paro, la persecución por deudas, el desahucio de sus casas, ante un conformismo político incapaz de dar respuesta a estos problemas, más allá de la policial o mera legalidad formal que acaba en la judicial. ¡No es justo, socialmente hablando, que mientras hay miles y miles de viviendas vacías, se desaloja de sus casas a familias por impago, en plena crisis…!.

Todo esto, además unido a numerosos casos de corrupción pública, hace que la población se sienta defraudada por la clase política –que no resuelve los problemas de la ciudadanía actuales-, al tiempo que crece la desafección pública sobre la clase política, especialmente por los partidos habituales de gobierno que se han mostrado incapaces de reconducir la crisis económica a términos socialmente asumibles en términos de justicia social, pues se han limitado a trasladar las directrices de Berlín y Bruselas a la agenda política y a la acción de gobierno, llegando a desmontar servicios públicos esenciales (educación y sanidad), en un fracaso del “Estado Social” –constitucionalmente definido, pero traicionado en las concretas políticas de recortes-.

Es la hora de que se tomen decisiones contundentes que acaben con estas políticas de protectorado (que solo atiende a intereses financieros y políticos de Alemania y Bruselas). Por consiguiente, se hace urgente un referéndum para plantear la salida de España del euro, y volver a controlar la soberanía monetaria y financiera desde Madrid, de forma que la soberanía la ejerza el pueblo español a través de las instituciones legítimas, pero en modo alguno desde el exterior imponiéndonos estas duras políticas de recortes.

Es la hora que el dinero vuelva a fluir para reconstruir el tejido productivo, recuperar los derechos sociales –que nos pretende quitar Bruselas al servicio del gran capital-, y como siempre se ha dicho, “a grandes males, grandes remedios”. No podemos seguir siendo unos bisoños, soñadores, expoliados en manos de meros “administradores” de este peculiar protectorado en que se han convertido las relaciones hispano europeas.

Es hora de un nuevo liderazgo político efectivo y real, de decir la verdad, reconociendo el fracaso de la reforma laboral que el gobierno del PP impulsó al poco de coger el poder, y que sólo ha servido para facilitar el despido. Por consiguiente, lo mismo que se hicieron los Pactos de la Moncloa en la transición para salir de la crisis económica de entonces, se hace preciso algo más que unos pactos políticos sobre contenidos económicos, pues esta situación económica de extrema gravedad incluso requeriría un “gobierno de concentración” que apostara por giros políticos rápidos y eficientes que devolvieran la normalidad económica y social al país, rebajando las durísimas cifras del paro, negociando la deuda exterior con quitas y esperas, y si fuera necesario volver a la moneda nacional saliendo del euro, para poder ajustar las políticas económicas que necesita España –cosa que no se está haciendo ante la insolidaridad de Bruselas y Berlín, que no les interesa-.

Domingo Delgado.


Tras la sorpresiva elección del Papa Francisco, como suele ser habitual, se han desatado los comentarios, informaciones y también los infundios y calumnias sobre su persona. Algo que no es sorprendente. ¡Peor sería la indiferencia! Además, si Jesús fue crucificado, ¿qué puede esperar su vicario en la tierra?

Sin embargo, los enemigos de la Iglesia han laborado estos días en balde para desprestigiar al nuevo Papa, pues no se sostienen las calumnias y difamaciones difundidas –de colaboracionismo con la Junta Militar Argentina-, ya que frente a la sola calumnia sin pruebas, se han logrado importantes testimonios como los del premio Nobel Pérez Esquivel –víctima de la Junta Militar- que ha negado tales difamaciones, reconociendo que en tales circunstancias no fueron pocos los eclesiásticos que intercedieron por detenidos del régimen sin lograr ser atendidos. Pero además, uno de los jesuitas –que aún vive- detenidos por el régimen militar que decían haber sido desatendidos por su superior entonces, el actual Papa Francisco, ha contestado negando los hechos, y confirmando sus buenas relaciones con su entonces superior, aclaradas las difíciles circunstancias de aquellos momentos en Argentina. Como también han aparecido testimonios, justamente en sentido contrario, de ayuda a perseguidos por los militares (como se ha comentado el caso de una jueza perseguida por el régimen, que logró ayuda de Bergoglio). Amén de que una foto que circula por internet –en que aparece Bergoglio dándole la comunión al dictador Videla- ha sido reconocida como montaje, y por tanto falsa.

Al propio tiempo, podríamos contestar a esa izquierda antidemocrática y anti eclesial, que ahora maquina la difamación de quien le debería ser ajeno –por coherencia con su beligerancia antirreligiosa-, ¿qué han hecho ellos ante la persecución política y dictatorial del régimen cubano?, ¿qué hicieron contra el liberticidio dictatorial soviético?, ¿qué quejas internacionales impusieron contra el criminal Pol Pot?, ¿o contra Corea del Norte? Todos ellos, regímenes no menos criminales y liberticidas que la reprobable Dictadura militar argentina.

Sin embargo, no es la peor de las situaciones que pudieran darse, ya que por otro lado, nos encontramos con una acogida favorable que está empezando a generar altas expectativas del pontificado de Francisco, que van desde cambios en la Curia, en la pastoral y en las actitudes y gestos de sencillez y pobreza en la Iglesia –que entrarían dentro del terreno de lo evangélicamente razonable-, hasta aquellos otros que esperan poco menos que un giro copernicano en la Iglesia, que no parece sea ni el perfil ni el planteamiento del nuevo Pontífice.
Siendo así, que es en esos grupos que albergan grandes esperanzas de cambios en la Iglesia, el sector que se puede ver decepcionado –quizá por tan amplias expectativas-, además que no es el estilo habitual de obrar en la Iglesia, cuya evolución es lenta y medida.

En cualquier caso, el reto que tiene el Papa Francisco es grande, pues tras la desaparición de Juan Pablo II con su largo pontificado (que ha facilitado el acceso al episcopado a prelados de talante más conservador de lo que era el propio Papa) que ha favorecido un gobierno eclesial netamente conservador que limitó en gran medida la recepción del Concilio Vaticano II consolidando una Iglesia clerical –combinada con el apoyo oficial a movimientos laicales de tipo conservador-, y el pontificado de Benedicto XVI -básicamente fundado en su actividad teológica-magisterial-, tiene complicados los cambios.

Si bien, parece del todo punto necesaria la profundización de la apertura de la Iglesia al mundo –iniciada en el Concilio Vaticano II-, que la acerque a los “signos de los tiempos” interpretándolos a la luz del Evangelio y actuando en consecuencia, pues el mundo actual requiere una voz profética que ilumine su sentido y su camino, y en ese punto la Iglesia tiene que recuperar su condición profética y misionera con una coherencia que la haga creíble. Y esto sí parece que el Papa Francisco puede y quiere llevarlo a cabo, con especial énfasis en los pobres, y en el servicio, según ha venido indicando.

También parece que Francisco, siendo un hombre de Iglesia, no parece que la contemple desde el prisma clerical –según alguno de sus comentarios difundido estos días-. Extremo este que tiene gran importancia, y que abriría también otra considerable vía de profundos cambios, en la posible consideración de la Iglesia como “Pueblo de Dios” –según declaración del Concilio Vaticano II-, el “nuevo Israel” itinerante al encuentro con el Padre, que lo vive y lo celebra de forma comunitaria. Y de esa forma, cobran sentido los servicios eclesiales y no sólo el presbiterio (pues se puede y debe potenciar el diaconado permanente, y los demás servicios en la Iglesia), de forma que se lleve al laicado el claro mensaje que también son Iglesia activa, no pasiva –meros consumidores sacramentales y rituales-, para dinamizar la vida eclesial en el viejo continente europeo –que se ha esclerotizado-, y en el resto del mundo –donde paradójicamente tiene más dinamismo-.
Ahora bien, fuera de esos ámbitos de cambio -¡y están por ver…!-. No creemos que se produzcan otros, salvo sorpresa mayúscula. Acaso, porque en otro ámbito mayor podrían ser contraproducentes en sus efectos, contra la propia unidad e identidad eclesial del cristianismo según la versión católica.
                    
Domingo Delgado.

       
El Ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Rajoy, José Manuel García-Margallo, ha mostrado escasa habilidad diplomática en el poco más del año que lleva al frente de la Cancillería española, especialmente en lo tocante a cuestiones sudamericanas. Pues a su precipitado ofrecimiento de mediación en el conflicto de las elecciones venezolanas, hay que unirle las torpes reacciones de este ante procesos nacionalizadores de empresas españolas en Argentina y en Bolivia.

Tal falta de tacto diplomático hace que España pierda su preminente posición política en Hispanoamérica, pues despierta los recelos de gobiernos de la zona, hiere sensibilidades nacionales, y complica las relaciones bilaterales.

Así, esta semana resulta que García-Margallo con su ofrecimiento de mediación, venía a lanzar un “dardo envenenado” al régimen chavista –al ahondar en el problema del presunto fraude electoral de las recientes elecciones presidenciales tras la muerte de Chávez-, pues de inicio también el titular de exteriores español hizo un comentario crítico sobre el dudoso resultado electoral que molestó enormemente al presidente electo que lanzó todo tipo de diatribas contra el ministro español. Y García-Margallo, “inocente” él, tras una forzada disculpa sobre la inadecuada interpretación de sus palabras, viene a verter “vinagre” sobre la misma herida ofreciéndose como mediador en el litigio electoral. Toda una torpeza, que no se puede permitir un canciller español en este país hispano, donde España tiene muchos intereses empresariales y vinculaciones personales de todo tipo. Que también ha conllevado la ostentosa reprobación del presidente venezolano contra el canciller español, otra vez.

En este caso, el ministro español habría de reflexionar bien antes de hablar, ya que su papel es el mantenimiento de las buenas relaciones internacionales de España, especialmente en el área iberoamericana fundamental para la diplomacia española por los grandes y profundos lazos que nos unen, además de los intereses comerciales. Cuestión distinta sería que  García-Margallo no ostentara este cargo que le exige cuidado, discreción y diplomacia, para evitar conflictos bilaterales y la acusación de intromisión en asuntos de aquel país, en cuyo caso sería muy libre de opinar lo que le parezca el régimen chavista y sus consecuencias. Pues no se trata de defender actitudes dictatoriales, propias de tal régimen. Sino más bien de poner mesura y responsabilidad en el ministro encargado de exteriores.

De igual forma, recordamos el caso de la estruendosa respuesta de García-Margallo ante un proceso expropiatorio de una empresa española por parte del Gobierno argentino, para seguidamente “envainársela”, asumiendo la incómoda respuesta a sus duras acusaciones, de parte del Gobierno argentino, y amenazas varias a otros intereses comerciales españoles en el país, haciendo mutis por el foro, probablemente ante un toque de alguna poderosa empresa española en el país del cono sur, que se podría ver afectada por las amenazante respuesta gubernamental argentina.

Y otro tanto, ocurrió en otro proceso expropiatorio de empresas españolas en Bolivia, para luego callar eternamente.

Evidencia, cuanto menos, una precipitada respuesta de García-Margallo, especialmente cuando se pasa de la queja con amenazas de represalias bilaterales, y denuncias en foros internacionales (que son acciones legítimas en el orden internacional, pero que no se anuncian para no llevarlas a cabo, especialmente si persisten las medidas que las generaron), y sobre todo una clara falta de profesionalidad en el mundo de la diplomacia internacional, que es una grave carencia de nuestro actual gobierno.

Y decimos esto –además de las inadecuadas actuaciones, curiosamente sobre países sudamericanos- en razón a que el ministro de exteriores español, José Manuel García-Margallo, que tiene una importante formación jurídica y una especialidad profesional en razón a su puesto de Inspector de Hacienda, sin embargo no tiene formación diplomática. No es diplomático de carrera, y además lo ha evidenciado en no pocas de sus actuaciones, como su reiterada proclama reivindicativa de “Gibraltar español” (que podemos suscribirla la mayoría de los españoles), pero eso así no sólo no funciona, sino que perjudica esa y otras pretensiones en la acción exterior, pues “toca las narices” británicas, que suelen ser hipersensibles y lo acusan en ese y en otros ámbitos. No en vano, el propio Napoleón denominaba a Inglaterra como “la pérfida Albión”.

Quizá lo más próximo de García-Margallo a Exteriores haya sido su experiencia en la UE (como eurodiputado), lo cual le hace conocedor de la estructura y “entretelas” de la UE, pero por sí mismo no le acredita como adecuado Canciller de los intereses españoles en el mundo. Además que los Asuntos Exteriores son mucho más que los asuntos europeos. Hay mundo mucho más allá de Bruselas y Berlín, aunque algunos de nuestros actuales políticos-gestores no lo vean.

Finalmente, diremos que si García-Margallo se quería proyectar como adalid internacional de las democracias liberales, defendiendo los derechos y libertades públicas (lo cual es políticamente muy honroso), convendría que dejara el Ministerio de Exteriores, y ya puestos, no se quede en Venezuela, sino que continúe por Cuba, países árabes de Oriente Medio, y se centre en China, al que no paran de ir políticos españoles como a una “nueva Meca” del capitalismo, y casualmente ninguno dice nada de la falta de derechos civiles, ni de sus presos políticos y de conciencia. Al revés se les abren los mercados, las puertas nacionales, y hasta las carteras. ¡Toda una gran contradicción!.


El Papa Francisco empieza con la renovación de la Curia Vaticana, para lo cual ha elegido al Superior de la Orden Franciscana, Fray José R. Carballo, un orensano, para que asuma la Secretaría del Dicasterio romano de la Vida Consagrada que tiene a su cargo el seguimiento y asistencia de las más de 900.000 religiosos católicos de todo el mundo (frailes, monjes, y monjas).

Este nombramiento tiene especial relieve y significación en el entorno eclesiástico, por varios motivos. Por un lado, porque el Papa –que eligió el nombre de Francisco, por su devoción y admiración al santo de Asís, especialmente de su forma de vivir el evangelio: humilde y pobre- ha querido contar con franciscanos en su equipo de gobierno y servicio a la Iglesia; y por otro, porque el Papa Francisco –que además es Jesuita, y por tanto religioso- ha querido volver a vincular a las órdenes religiosas al gobierno eclesial.

Y es que las órdenes religiosas han estado, en cierto modo, relegadas del gobierno de la Iglesia por decisión de los anteriores pontífices, habiendo pivotado el gobierno de la Iglesia esencialmente sobre el clero secular y muy tangencialmente por laicos –pertenecientes a los denominados “nuevos movimientos laicales” que emergieron y contaron con la confianza y el favor de los anteriores pontífices-.

Sin embargo, relegar de la cúpula eclesial a las órdenes religiosas no parece que pueda revelarse como un acierto, pues estas con su modo de vida evangélico (siguiendo los “consejos evangélicos” de obediencia, castidad y pobreza) y testimonio público de fe, junto con su bagaje histórico de numerosísimas experiencias, y su profunda formación teológica ( a veces en la frontera, para establecer diálogos fronterizos con los no creyentes, o pertenecientes a otros credos, en un gesto más de humildad y caridad al prójimo) hubieran contribuido a enriquecer evangélicamente el modo de vida curial, y haber podido abrir más la Iglesia a un mundo complejo en acelerado cambio cultural y moral.

Pero el Papa Francisco –que parece tener las ideas claras del proyecto de Dios sobre su Iglesia- ha empezado por restañar la postergación de los religiosos, contando también con ellos, en su compleja labor de reconducir la Iglesia hacia una mayor autenticidad evangélica. Para lo cual, necesita a todo el cuerpo eclesial, además de romper con prácticas inadecuadas y poco ejemplarizantes.

Consecuentemente parece que, verdaderamente estamos ante una nueva etapa de la Iglesia, que providencialmente viene en medio de una grave crisis internacional (económica, social, política, cultural, moral, que plantea inquietantes preguntas y atisba profundos cambios globales), de los que no escapa ni siquiera la Iglesia –en tanto que realidad mundana-; y en esta etapa la Iglesia también necesita ese aggiornamento –que ya vio en su  día el Papa Juan XXIII, que dio lugar al Concilio Vaticano II, cuya plena recepción por la Iglesia Universal ha quedado a medio realizarse-, que urge a dar “respuesta profética” a los actuales “signos de los tiempos”, iluminar nuestra realidad temporal en esta compleja cultura posmoderna refractaria a dogmatismos que se ha instalado en una existencia paradójica de portes hedonistas, consumistas y narcisistas (contrarios a la fe cristiana), que requieren una “nueva evangelización”, pero previamente se precisa que la Iglesia reflexione y ore en vista a su actual realidad, a su concordancia o divergencia con las exigencias evangélicas que la hagan más auténtica, más coherente con Cristo. En definitiva reflexione sobre ¿cómo se ve?, ¿cómo se le ve?, y ¿cómo reconducir esa paradoja a una única realidad coherente y auténtica con el mensaje de Cristo?, y a partir de ahí preparar esa “nueva evangelización”. De lo contrario, se quedará el intento en simple propaganda.

DOMINGO DELGADO

 

La peculiar manera de entender los servicios públicos de parte de nuestra clase política neoliberal, hace que los planteen en términos de mero rendimiento económico, sin perjuicio del servicio que prestan al interés general, y del rendimiento social que suelen conllevar. Y así, de forma meramente utilitarista, o por mejor decir, economicista se dictamina la apertura o cierre de un servicio público y su entrega a la empresa privada para su gestión, con clara abstención del deber que la Administración Pública tiene asumido de prestación de los servicios públicos de interés general.

 

De tal forma, que cuando algunos políticos deciden que determinado servicio público se privatice –es decir, pase a ser gestionado por empresas privadas- desplazan su obligación de gestión eficaz de dicho servicio sobre una entidad privada cuya primer objetivo de su existencia es la de conseguir el máximo lucro, con el menor gasto. ¡Algo legítimo…!, naturalmente, cuando hablamos de actividades empresariales o comerciales, que son las propias de estas empresas. No así, cuando hablamos de servicios públicos que son la responsabilidad de las Administraciones Públicas, que han de gobernar y gestionar la “res pública”, en vez de inhibirse y desplazarla a otras entidades, que cobran por ello.

 

Así, lo mismo que no tiene sentido que una Corporación Municipal se dedique a la industria y el comercio (como puede ser la explotación de cualquier empresa pública local dedicada al turismo local, casas rurales, etc.), tampoco tiene mucho sentido que ceda parte de sus cometidos, de sus obligaciones públicas, a la iniciativa privada (como puede ser el caso de la cesión del parque de bomberos –en algunos municipios gallegos-, o salvamento marítimo –en Galicia-), de igual forma que la sanidad como servicio público (que se está cediendo progresivamente a la iniciativa privada en la Comunidad Valenciana y en la de Madrid, por conciliación de intereses públicos (¿?) y privados).

 

El pretexto de tales acciones políticas viene dado por el supuesto menor costo de explotación –aún por demostrar-, pero en realidad, como las empresas concesionarias de dichos servicios, tienen que tener su legítima ganancia, el ajuste de gastos puede llegar más allá de los mínimos estándares de calidad, o como ha ocurrido en el sector sanitario de gestión privada –que muestra una excelente hostelería, pero no asume procesos clínicos de gravedad o gran continuidad, porque no son rentables, y los desplaza a otros hospitales públicos (que suerte que sigan existiendo, pues si no...)-. Amén de que empezaron con unos cánones por usuario y año en unas cantidades, que con de un par de años, casi los han triplicado. Luego, ¿dónde está el ahorro?.

 

A propósito, ¿alguien pide ahorro en los contingentes militares que España envía al extranjero?. ¿Alguien pide rentabilidad a la red de diputaciones provinciales –como administración pública duplicada con las autonomías?. ¿Alguien pide rentabilidad al Senado, y a las Asambleas Autonómicas?.

 

Entonces, ¿por qué se pide una rentabilidad meramente económica en la salud, en la educación?, que son servicios esenciales que conciernen a la vida e instrucción de las personas.

 

Actualmente, en un nuevo embeleco privatizador, se está planteando la privatización de la Mancomunidad de Canales del Taibilla, que ha funcionado perfectamente, con alta eficacia y rentabilidad en nuestra tierra. Y, ¡mira por dónde..!, ya le han echado el ojo. Entre tanto, paradojas de la vida fruto de la incoherencia de los inexplicables intereses en juego, algunas de las autovías privatizadas –que eran la fórmula que se nos vendió como ideal, para su gestión- como la de Cartagena-Vera, que según se dice están “a la última palabra”, las quieren reunir en una empresa pública para evitar su quiebra. O sea, que si hay negocio este se le entrega a la empresa privada, y cuando deja de haberlo, se socializan las pérdidas.

 

Esto nos suena, pues no es nuevo, ya que recientemente hemos acudido al rescate bancario –para sanear entidades de crédito en quiebra, que si hubieran seguido las recetas neoliberales deberían haber quebrado, y los amigos se han echado una mano, aunque con dinero público-, y se nos dice, con la mayor impudicia, que serán reprivatizadas cuando se hayan saneado. Pero esa canallesca operación, ¿cuanto nos va a costar a los españoles?. Por de pronto, más paro, más recesión, más recortes sociales, más recortes salariales, y más oscuridad en un panorama socialmente injusto y política-económicamente equivocado.

 

Domingo Delgado.