05 Mayo 2013
El Ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Rajoy, José Manuel García-Margallo, ha mostrado escasa habilidad diplomática en el poco más del año que lleva al frente de la Cancillería española, especialmente en lo tocante a cuestiones sudamericanas. Pues a su precipitado ofrecimiento de mediación en el conflicto de las elecciones venezolanas, hay que unirle las torpes reacciones de este ante procesos nacionalizadores de empresas españolas en Argentina y en Bolivia.
Tal falta de tacto diplomático hace que España pierda su preminente posición política en Hispanoamérica, pues despierta los recelos de gobiernos de la zona, hiere sensibilidades nacionales, y complica las relaciones bilaterales.
Así, esta semana resulta que García-Margallo con su ofrecimiento de mediación, venía a lanzar un “dardo envenenado” al régimen chavista –al ahondar en el problema del presunto fraude electoral de las recientes elecciones presidenciales tras la muerte de Chávez-, pues de inicio también el titular de exteriores español hizo un comentario crítico sobre el dudoso resultado electoral que molestó enormemente al presidente electo que lanzó todo tipo de diatribas contra el ministro español. Y García-Margallo, “inocente” él, tras una forzada disculpa sobre la inadecuada interpretación de sus palabras, viene a verter “vinagre” sobre la misma herida ofreciéndose como mediador en el litigio electoral. Toda una torpeza, que no se puede permitir un canciller español en este país hispano, donde España tiene muchos intereses empresariales y vinculaciones personales de todo tipo. Que también ha conllevado la ostentosa reprobación del presidente venezolano contra el canciller español, otra vez.
En este caso, el ministro español habría de reflexionar bien antes de hablar, ya que su papel es el mantenimiento de las buenas relaciones internacionales de España, especialmente en el área iberoamericana fundamental para la diplomacia española por los grandes y profundos lazos que nos unen, además de los intereses comerciales. Cuestión distinta sería que García-Margallo no ostentara este cargo que le exige cuidado, discreción y diplomacia, para evitar conflictos bilaterales y la acusación de intromisión en asuntos de aquel país, en cuyo caso sería muy libre de opinar lo que le parezca el régimen chavista y sus consecuencias. Pues no se trata de defender actitudes dictatoriales, propias de tal régimen. Sino más bien de poner mesura y responsabilidad en el ministro encargado de exteriores.
De igual forma, recordamos el caso de la estruendosa respuesta de García-Margallo ante un proceso expropiatorio de una empresa española por parte del Gobierno argentino, para seguidamente “envainársela”, asumiendo la incómoda respuesta a sus duras acusaciones, de parte del Gobierno argentino, y amenazas varias a otros intereses comerciales españoles en el país, haciendo mutis por el foro, probablemente ante un toque de alguna poderosa empresa española en el país del cono sur, que se podría ver afectada por las amenazante respuesta gubernamental argentina.
Y otro tanto, ocurrió en otro proceso expropiatorio de empresas españolas en Bolivia, para luego callar eternamente.
Evidencia, cuanto menos, una precipitada respuesta de García-Margallo, especialmente cuando se pasa de la queja con amenazas de represalias bilaterales, y denuncias en foros internacionales (que son acciones legítimas en el orden internacional, pero que no se anuncian para no llevarlas a cabo, especialmente si persisten las medidas que las generaron), y sobre todo una clara falta de profesionalidad en el mundo de la diplomacia internacional, que es una grave carencia de nuestro actual gobierno.
Y decimos esto –además de las inadecuadas actuaciones, curiosamente sobre países sudamericanos- en razón a que el ministro de exteriores español, José Manuel García-Margallo, que tiene una importante formación jurídica y una especialidad profesional en razón a su puesto de Inspector de Hacienda, sin embargo no tiene formación diplomática. No es diplomático de carrera, y además lo ha evidenciado en no pocas de sus actuaciones, como su reiterada proclama reivindicativa de “Gibraltar español” (que podemos suscribirla la mayoría de los españoles), pero eso así no sólo no funciona, sino que perjudica esa y otras pretensiones en la acción exterior, pues “toca las narices” británicas, que suelen ser hipersensibles y lo acusan en ese y en otros ámbitos. No en vano, el propio Napoleón denominaba a Inglaterra como “la pérfida Albión”.
Quizá lo más próximo de García-Margallo a Exteriores haya sido su experiencia en la UE (como eurodiputado), lo cual le hace conocedor de la estructura y “entretelas” de la UE, pero por sí mismo no le acredita como adecuado Canciller de los intereses españoles en el mundo. Además que los Asuntos Exteriores son mucho más que los asuntos europeos. Hay mundo mucho más allá de Bruselas y Berlín, aunque algunos de nuestros actuales políticos-gestores no lo vean.
Finalmente, diremos que si García-Margallo se quería proyectar como adalid internacional de las democracias liberales, defendiendo los derechos y libertades públicas (lo cual es políticamente muy honroso), convendría que dejara el Ministerio de Exteriores, y ya puestos, no se quede en Venezuela, sino que continúe por Cuba, países árabes de Oriente Medio, y se centre en China, al que no paran de ir políticos españoles como a una “nueva Meca” del capitalismo, y casualmente ninguno dice nada de la falta de derechos civiles, ni de sus presos políticos y de conciencia. Al revés se les abren los mercados, las puertas nacionales, y hasta las carteras. ¡Toda una gran contradicción!.