Antonio J. Salmerón

Estos pasados días, los inspectores del Comité Olímpico Internacional visitaban Madrid para examinar ‘in situ’ la candidatura de la capital de España para albergar los Juegos Olímpicos de 2020.

Esta consecución revertería en las arcas públicas madrileñas, y también españolas. Así es como se enfoca este magno evento deportivo para convencer a la ciudadanía y contribuyentes de que nos conviene, al margen de la proyección mediática que depara.

Ya en 1992, Barcelona fue olímpica. Monjuït se erigió en epicentro, adquiriendo el sobrenombre de ‘montaña olímpica’. Allí se ubicó el estadio olímpico, que, además de acoger las galas de apertura y de clausura, celebró varias pruebas, como las atléticas.

La zona portuaria y aledaños experimentaron una mejora de puesta en valor con la construcción de la Villa Olímpica y demás infraestructura acondicionadora para tal evento. Para los españoles supuso un hito medallístico. Pero, todo pasa, y de aquellas olimpiadas tan solo permanecen recuerdos e infraestructuras polideportivas que todavía están en uso. Respecto a la magna inversión económica que aquellas olimpiadas requirieron y de su retorno corramos un tupido velo.

Evidentemente, haber albergado unos Juegos Olímpicos es todo un orgullo. Da caché a la ciudad. Aunque haya ciudades como Barcelona y Londres que no necesitan de este sobre reconocimiento. Sin embargo, cuando aterrizo en Londres, días antes de la gala inaugural, los motivos conmemorativos no eran tan elocuentes como esperaba encontrar. Nadie diría que estábamos a puertas de unos Juegos Olímpicos. En un epicentro turístico como es Londres parecía pasar como desapercibido. Y eso que todas las delegaciones políticas y deportivas ya transitaban por sus calles.   

Londres ya había acogido otras olimpiadas anteriormente. otros, Así nos lo recordaban a través de un variopinto suvenir. Precisamente, su elección causó cierto revuelo debido a que se suele especular con que haber tenido ya unas Olimpiadas resta posibilidades.

La candidatura de Madrid no es ajena a esto último, sobre todo al quedar apeada en anteriores convocatorias. Pero la insistencia podría acabar por convencer al COI. Su mejor aval en tiempos de crisis económica y de incertidumbre de crecimiento es disponer de la mayoría de infraestructuras deportivas principales.
 
De hecho, valga como ejemplo el Estadio Olímpico desmontable que se instaló en Stratford, en el perímetro exterior del centro de la ciudad de Londres, que ahora se reinstala en Rio de Janeiro. Economización de recursos.  

En este decadente barrio de brillante pasado industrial en las afueras de Londres se ubicó la Villa Olímpica, además de otras infraestructuras deportivas y un centro comercial. Sí, un centro comercial, que formaba parte del complejo olímpico londinense. Allí se nos ofrecía, no solo el típico suvenir, si no que, las grandes firmas comerciales co-patrocinadoras de estos Juegos Olímpicos de Londres contaban con amplísimos locales donde ofertar a la venta sus líneas de productos de máxima relevancia. Además, en ese mismo centro comercial, se instalaban otras firmas comerciales que les darían continuidad pos olímpica a este mastodóntico edificio.

A tenor de esto, y de encontrar vendidas, incluso con mucha antelación, entradas para poder asistir a cualquiera de las actividades competitivas olímpicas se deduce que los últimos Juegos Olímpicos de Londres fueron rentables. Tampoco es que haya habido luces y taquígrafos sobre las cuentas y balances de resultados, pero, eso, se deduce que sí. Haber incorporado patrocinio privado es todo un acierto.

Sin embargo, la sensación que me traje de estas olimpiadas, teniendo en consideración que son las primeras que vivía ‘in situ’, es que, más allá de un evento deportivo y de ese espíritu deportivo que trata de pregonar unos Juegos Olímpicos, se trata de un magno negocio sobre el que suponemos existió una reversión económica importante sobre los negocios locales.

Un mes después estuve en Rio de Janeiro, y más concretamente, recorriendo su región o provincia. No llegué a ver constancia de ese supuesto despegue de crecimiento económico de que hace gala. Incluso me tomé la molestia de visitar, aunque fuera desde el coche, el epicentro y anillo olímpico. Por entonces, todavía no había llegado el desmontado estadio olímpico londinense. Tampoco es que existieran obras al respecto. Sin embargo, al paso de unos cuantos meses, conocemos que el COI puede haberle transmitido al Comité Organizador de Rio de Janeiro 2016 cierta preocupación por lo que se supone un notable retraso en el avance de las obras. A razón de aquel toque de atención, parece haberse reaccionado.

Tanto la gente que me acompañaba como un servidor llegamos a plantearnos serias dudas sobre qué les convenció a la Comisión Inspectora. Cierto es que se trata de una de las emergentes potencias económicas. Notoria es su capacidad organizativa de grandes eventos. Es por eso que, quiero creer que eso también haya convencido al COI en su visita a Madrid. Porque ahuyentar a los fantasmas sobre nuestro teórico regreso a la senda del crecimiento económico es ardua tarea. 

Antonio J. Salmerón

Y más silencio. Nada, o casi nada se sabe de la reclusión a que tiene la gerencia de la escuadra holandesa Blanco (ex Rabobank) tiene sometido a quien fuera su honor y salvación durante las dos aciagas últimas campañas, Luís León Sánchez. Sin un relevo claro para el patrocinio de Rabobank, todavía entre bambalinas, en el Blanco consideran que el murciano de Mula hiere y mancha su honor, y, mediante una vía tan inoportuna como Twitter, anunciaba que incoaba expediente de investigación sobre un teórica vinculación con la maldita Operación Puerto a su ciclista Luís León Sánchez.

En plena instrucción judicial, y en fase de testimonios, ocurre que se desmorona el motivo de sanción del Blanco a Luís León Sánchez cuando ni reza en el informe policial del caso, ni está imputado, ni si quiera está citado a testificar. Se entiende así, que no está probado el empeño mediático de vinculación con el afamado Doctor Eufeniano Fuentes, por lo que, sin ser jurista, debiera quedar en libertad de su ejercicio profesional, ya sea desde las filas del propio Blanco, o desde cualquier otra escuadra del pelotón.

Pero, claro está que, iniciada la temporada, es complicado hallar hueco para Luís León Sánchez en un pelotón que se ajusta el cinturón hasta un punto inimaginable. Tampoco es que el entorno consejero del ciclisa murciano crea adecuado o conveniente finiquitar su jugoso contrato hasta 2016, con lo que pudiera deducirse que acepta los cargos y busca una honrosa salida pactada.

Pero mientras tanto, el inexorable paso del tiempo oxida, quizás a pasos acelerados, su imagen pública y profesional, a la vez que pueda minar su mente y piernas. Si bien, patente queda la posibilidad de acudir a los juzgados, y resolver este entuerto lo antes posible. Y de ser así, se me antoja que la gerencia del Blanco saldría muy tocada, máxime cuando Dekker y Rassmusen hablaron de practicas dopantes en grupo, incluso desde mucho antes de que llegara ‘Luisle’ al entonces Rabobank.

Esto último parece que ni les ocupa ni preocupa, considerando así que el sacrificio a que someten a Luís León Sánchez sea suficiente. Pues, no; no es así. El de Mula no registra apercibimiento alguno por parte de quien ejercen el control sobre el posible uso de sustancias prohibidas, por lo que, insisto, apoyarse en habladurías y supuestas filtraciones de la instrucción del caso a modo de primicia inculpadora no vale si no son reconocidas y admitidas por la Guarda Civil.

Este asunto tiene mala pinta, muy mala. La tozudez de quienes se empeñan en señalar con su dedo acusador a los ciclistas españoles puede acabar con los nuestros de no poner empeño firme e inmediato en remediarlo o atajarlo. Y eso corresponde a nuestros mandatarios políticos, al poder mediático y a la Real Federación Española de Ciclismo.


Nunca fueron buenas las segundas partes. A falta de poder ver y escuchar al propio Lance Armstrong admitir que presuntamente usó sustancias dopantes, o prohibidas, con el supuesto conocimiento de la Unión Ciclista Internacional, lo que es evidente es que, sienta en antes y un después en la historia del ciclismo, pero del deporte, también.

No será necesario encender el ventilador, y airear temas turbios. Ya se está desencadenando un amplio serial de comentarios, opiniones y pareceres al respecto. Y es que ha sido el propio protagonista, quien parece entonar el mea culpa.

No sé cuántos Padre Nuestro habrá de rezar. Desconozco si quiera si es católico apostólico románico. Es americano; tejano, para más señas. Su padre abandonó a su madre, y ésta, su idolatrado icono, convivió con el Señor Armstrong, de quien hereda su apellido. Y desde su práctica de la natación y el triatlón da el salto al ciclismo en ruta. Se proclamó campeón del mundo con veintidós años.  Acabada su militancia en el desaparecido Motorola, donde coincidió con el menudo escalador de Cabezo de Torres, Jesús Montoya. Recaló en el pelotón europeo, en el Cofidis, y residió en Niza.

Fue entonces cuando conoció el varapalo del cáncer testicular, con metástasis abdominal, pulmonar y cerebral. Fue intervenido, y se sometió a sesiones de quimioterapia y radio terapia. Y resucitó a dos años después.

Con una notable merma de volumen muscular, Armstrong retomaba el pulso a la competición. Regresó al pelotón americano, y forjó a su imagen y semejanza una portentosa escuadra con la que conquistar siete ediciones del Tour de France. Su fama alcanzó la cota de popularidad de las más altas estrellas de la NBA; competición en la que hablar de dopaje es blasfemar.

Quizás por la existencia de ese velo sobreprotector con que se cubre el negocio deportivo más importante de Estados Unidos, Armstrong y su entorno osan –presuntamente- adentrarse en las corrientes más vanguardistas del uso de sustancias dopantes.

Nadie pudo jamás demostrarlo. Todo fueron conjeturas. Ni si quiera la Unión Ciclista Internacional logró detectar caso anómalo ninguno en las analíticas y seguimiento al ciclista tejano. El caso es que cabalgaba velozmente por las cimas pirenaicas y alpinas, sin que nadie pudiera darle caza durante siete años. Su conquista triunfal vino en dos entregas, en dos eras, un antes, y un después, perfectamente encuadernadas. Por encima de todo estaba su fundación contra el cáncer, Livestrong. Grandes firmas comerciales como Nike y Giro siempre le arroparon, antes y después del cáncer, pero no ahora. Incluso Trek se aparta de él. La decepción es tan grande, tan dañina, que pasa de ser héroe a villano.

Armstrong siempre aludió a largas e intensas sesiones de entrenamiento cuando se dudaba de él. Después de su grave enfermedad, volver a verle desempeñando una actividad física profesional elite, y además ganar, de la manera en que además lo hacía, levanta lógicas suspicacias. El americano debía gozar de cierta permisibilidad en la toma de determinados productos farmacológicos que pudieran contravenir el código ético pero que debido a su enfermedad, aún superada, los necesitaba, como pudiera haber sido la testosterona.

Sin embargo, y aún bajo un riguroso control como el que establece el Plan ADAMS que rige el conocido como ‘pasaporte biológico’, jamás resultó controlado positivo. Es, por lo tanto que, a tenor de sus declaraciones, y de las que fueron compañeros suyos de equipo, se deduce que vulneró y eludió lo que la Unión Ciclista Internacional considera un férreo control anti-dopaje; el mismo que logró hallar nanogramos de clembuterol en las muestras extraídas a Alberto Contador durante el Tour de France. 


Hace más de un década que presto cobertura informativa a la Vuelta a Murcia. Y desde hace unos cuantos años, me ocupo y preocupo de que esta carrera de la que tan fiel devoto me descubro tenga la trascendencia mediática y calado social que merece. Aunque el empujón de mayor peso específico corresponde a su Organización y a los miles de aficionados que siembran las cunetas de las carreteras murcianas por donde discurre su serpiente multicolor.

Sin embargo, se me encoge el corazón cuando veo mengual en días de competición que no en calidad a este evento deportivo, que es, sin titubeo alguno, el de mayor repercusión tierras afuera de cuantos acontecen en nuestra Región.

Recuerdo como la Vuelta a La Rioja experimentó tal adelgazamiento ya hace unos años, desde cuando adopta el formato de gran clásica, si bien salvaguarda su denominación. Fue en 2008 que Manuel Calvente, luciendo los colores del entonces Contentpolis-Murcia, se alzara con el triunfo en la clasificación general final.

La Vuelta a Andalucía también se veía obligado a perder dos etapas en ruta en virtud de su supervivencia, con victoria para Alejandro Valverde, que, así, suma su segundo triunfo final consecutivos en esta carrera hermana. Joaquín Cuevas, su organizador, estuvo con nosotros en esta clásica Vuelta a Murcia. Fue ocasión para intercambiar opiniones respecto a lo mucho que se complica para los organizadores de carreras la supervivencia.

Ya en su última edición, la Vuelta a Castilla y León, que organiza la empresa del ahora  presidente de la Real Federación Española de Ciclismo, López Cerrón, también enterró dos días de competición de una carrera antes de cinco, en que en su última edición Luis León Sánchez brilló con éxito.

Los Organizadores se quejan del costoso peaje arbitral que han de pagar, además de las dietas que han pagar a los equipos participantes, atiendo a sus respectivos escalafones. De hecho, las tres antes citadas protagonizaron un sonado divorcio con los cánones establecidos si de salvar su continuidad se trataba. Y puede que haya quienes consideren que perdieron glamur, pero lo que sí es evidente es que ganaron en salud. Cuando si quiera, o apenas, se logran cubrir los mínimos presupuestarios, porque además hay que organizar carreras profesionales como las citadas conllevas más gastos, lo que prima es salvar la competición de una muerte segura, como sucedió con otras carreras como Alcobendas, Aragón y Comunidad Valenciana.

La del sábado fue una señora carrera, con un envidiable cartel de estelares figuras del pedal prestos y dispuestos a batirse en duelo por el triunfo en Lorca, pero sin olvidar a otros segundos espada como lo era Dani Navarro. El que fuera fiel escudero de Alberto Contador en una cita del relieve del Tour de France, constató su acierto de apuesta de cambio de aires en el Cofidis con un éxito muy sonado. El cuadro del podio de la Fortaleza de la Ciudad del Sol lo completaron un tal Robert Gesink y otro tal Alejandro Valverde. ¡Ahí es nada!  

La Vuelta a Murcia generaba cierta incertidumbre ante su ostensible adelgazamiento. Hubo quienes no se lo tomaron en serio, y pregonaron estar ante una muerte inminente desde su púlpito mediático. Pero ese parecer contrastaba con quienes creímos ciegamente en que seguiría siendo un éxito. Que quedara tristemente reducida a un día no podía deslucir este espectáculo ciclístico un ápice. Y así lo manifestaron sobre el asfalto sus más de ochenta protagonistas, aún luchando contra viento y marea.

Puede que no encontráramos aquel despliegue mediático de antes, pero así era de esperar, por lo que no supuso decepción real alguna. E incluso hubo quien se lanzó al ruedo, aun no siendo su plaza, mientras que uno se perdía, por primera vez en no sé cuánto tiempo, su habitual aportación especializada a modo de postura a la defensiva de quienes temen caerse del sillón.

Corramos un tupido velo. Me quedo con el sentir manifiesto de agradecimiento de propios y extraños por el espectáculo servido, aunque amenizado por un bravo pelotón y un extraordinario público para quitarse el sombrero.


Nos reubicamos en los últimos meses de 2009. Las garantías de continuidad del Contentpolis-AMPO-Murcia se desvanecen por momentos. El apoyo institucional solo se mantendría de existir un patrocinio privado mayoritario, y eso, en octubre, con las fecha límite de la UCI para registrar al equipo para la temporada próxima a la vista, se complica ante la ausencia de respuesta de AMPO. A la empresa guipuzcoana la estaba intentando traer consigo otro equipo español ya desaparecido. Así, AMPO comunica que deja el patrocinio sin apenas margen de tiempo para una reacción que evitara su desaparición.

Sucedida la imposibilidad para formalizar su inscripción en el pelotón UCI Pro-continental, José Antonio Ortuño se apresura en la búsqueda infructífera de un patrocinio privado. Jamás se perdió la esperanza en el seno técnico y directivo de la escuadra ciclística murciana, pero lo que sí resulta evidente es que nadie les ayuda a encontrar un sustento de patrocinio privado para 2010 como sí sucede con otra entidad deportiva profesional de la capital. Esto sería desalentador para cualquier otro, pero mantener vivo ese proyecto nacido a finales de 2005 se había convertido en un reto personal.

Después de un fracasado intento con un supuesto adinerado empresario de la moda americano, se halla un halo de esperanza al encontrar un club griego. Hay países en los que la carencia de una serie de trabas burocráticas y de unos compromisos contractuales, salariales y presupuestarios les resulta más fácil obtener una licencia UCI Continental. Es así porque conciben la categoría UCI Continental como un puente lanzadera hacia el pelotón profesional UCI World Tour y UCI Pro-continental. Solo así es posible edificar un equipo UCI Continental con un bajo presupuesto.

Como Heraklion Kastro-Murcia, liderado por el prestigioso Paco Mancebo (tercero Tour de France 2005), se logran importantes triunfos en Irán, Azarbayán, Beauce (Canadá) y Venezuela. Ortuño, a su vez, mantiene el equipo cantera de categorías sub-23 y elite, con el que disputa la Copa de España como equipo de Primera División. Competiré alrededor del mundo capta la atención mediática por su ímpetu en seguir abriendo rutas en el calendario UCI internacional aún tratándose de un equipo UCI Continental de muy ajustado presupuesto. Ortuño y sus colaboradores logran salir adelante implicando a firmas del sector comercial ciclístico, como son Inverse, Catlike y Essax, y otras como Patatas Hnos. Pintor; los mismos que temporadas anteriores. El apoyo institucional se limita al Ayuntamiento de Murcia.

En 2011 llega la gran noticia del patrocinio de KTM. Vestidos de los naranja y negro emblema de la firma motera austriaca, Ortuño viaja hasta allí para sellar un compromiso que debía extenderse por dos años, a la conclusión de los cuales, se preveía regresar al pelotón UCI Pro-continental, e incluso, UCI World Tour. A su vez se sumaban otras firmas comerciales, como Mustang Experience.  

Resultó muy bonito para el aficionado ver una temporada más a un equipo que recuperaba la plena identidad murciana tras su vinculación con el club griego. Se confeccionó una plantilla muy competitiva, aún con el adiós de Paco Mancebo al pelotón estadounidense. Así, el KTM-Murcia seguía ampliando fronteras, compitiendo en el calendario UCI internacional. Se codea con equipos incluso de categorías UCI World-Tour. Pero cuesta reencontrarse con el triunfo.
Ortuño no cesa en el empeño porque el equipo de el salto de categoría que le posibilite regresar a las mejores carreras del calendario, como acostumbraba temporadas anteriores, cuando fue UCI Pro-continental. Pero el compromiso de KTM pierde vigencia. (Continuará)


Recuerdo que fue durante el extinguido Critérium de Ciclismo Profesional Ciudad de Murcia de 2007 cuando Luis Nicolás Mateos, entonces mecenas del también desaparecido equipo ciclístico UCI Continental Grupo Nicolás Mateos-Murcia, que me presentó a la persona de su confianza delegada en su gerencia deportiva, José Antonio Ortuño.

Las crecientes miras de éxito de la escuadra murciana le situaban en el punto de mira de ciclistas, representantes y periodistas. Adherida a la plantilla profesional había una cantera de jóvenes valores en ciernes, entusiasmados con ganarse un hueco arriba, y alcanzar así la ansiada meta del profesionalismo. Y el caso es que la cosa pintaba muy bien; la burbuja inmobiliaria todavía no había estallado. El Grupo Nicolás Metaos-Murcia había iniciado su andadura tan solo un año antes, en 2006, a la vez que echaba a rodar el otro equipo murciano, el 3 Molinos Resort-Murcia, aunque éste en la categoría UCI Pro-continental, y regida por el que fuera medallista en Barcelona '92, Antonio Peñalver, ahora director general de la Actividad Física y el Deporte del gobierno autonómico murciano.

Pero ésta formación naufragó antes incluso de que concluyera la temporada ajenos a su gerencia. Así se fue al traste la breve experiencia profesional de jóvenes valores locales, que no lograron hallar la continuidad en 2007 aunque fuera en el Grupo Nicolás Mateos-Murcia. No es cuestión de entrar en los detalles que causaron su pronta desaparición. Tanto desde el punto de vista periodístico como el personal, aquello supuso un brusco varapalo.

De modo que, al margen de las exitosas trayectorias de Alejandro Valverde, José Joaquín Rojas, Fran Pérez y Luis León Sánchez (Caisse d'Epargne), la atención mediática y de los aficionados se centraba en aquel Grupo Nicolás Mateos-Murcia, en que militaban jóvenes valores -entonces- emergentes como Beñat Intxausti (Movistar). Pero lo más importante es que había lugar para todos esos ciclistas murcianos de categorías júnior y sub-23 que probaban fortuna en la siempre muy exigente carrera ciclística.

En 2008, la desaparición de los equipos Grupo Nicolás Mateos-Murcia, precipitada por la quiebra de su patrocinador principal, deja continuidad a un entusiasta Contentpolis-Murcia UCI Pro-continental que posibilitan el entonces Consejero de Presidencia y Portavoz del Gobierno Regional, Juan Antonio De Heras, apoyado en Ayuntamiento de Murcia. El proyecto de la Ciudad de los Contenidos Digitales encontró en esta escuadra ciclística un escaparate de promoción mundial que no podían prestarle otras entidades deportivas profesionales de la capital. Y así fue, pues en 2009 era invitado a la Vuelta a España que partió de Assen (Holanda). Aquello supuso un hito más allá del historial del ciclismo murciano. Ya por entonces, el Contentpolis había competido en gran parte de Europa. Además, se daba entrada al co-patrocinio con AMPO; una empresa guipuzcoana de marcado mundial. También existían proveedores especializados de calado internacional como Ridley Bikes, Catlike (fabricante yeclano de cascos líder) e Inverse.

Su exitosa trayectoria no impidió que José Antonio Ortuño pudiera salvar de la quimera del olvido este proyecto que ya antes había logrado reflotar y dar continuidad aún con el repentino adiós del Grupo Nicolás Mateos. Se había tirado por la borda todo el denodado trabajo de Ortuño y de sus colaboradores. Para colmo, AMPO decide abandonar también si avisar con antelación. Y ya por entonces corrían tiempos difíciles. Ortuño apenas encuentra apoyos; esos que sí se encontraron para otra entidad deportiva profesional capitalina.

Pero Ortuño no se da por vencido, y aún no dependiendo profesionalmente de su gerencia deportiva, hace lo imposible con su bolsillo por satisfacer a quienes pretendían ya por entonces que el deporte murciano fuera ya solo cosa de tres. Halló un socio griego, y el apoyo de patrocinios privados lograba permanecer en el pelotón profesional internacional y sb-23 y elite nacional de primera división. (Continuará)