07 Diciembre 2012
Acabo de participar en una mesa de debate, celebrada en el recientemente inaugurado Hospital Santa Lucía de Cartagena, en el contexto de un Symposium sobre Derecho Sanitario y Bioética.
El moderador, José Mª Fernández Soria, abogado en ejercicio y miembro del Comité Ético Asistencial de esa área de salud. Se trata de un letrado inteligente, formado en ética biosanitaria y en bioderecho.
Inmediatamente después de presentar a los convocados, nos espetó una pregunta clara y directa: ¿Influyen las medidas de recorte de presupuestos en la calidad de la asistencia sanitaria?
En mi caso, la respuesta fue también lacónica… Sí, ¡naturalmente!
A continuación, transcribo una síntesis de lo allí expuesto: "Nos encontramos en una situación de emergencia nacional". El Gobierno de la Nación está arruinado y atrapado, entre acreedores externos y exigencias internas (sociales, políticas, territoriales, empresariales y sindicales).
Estamos en la antesala de un grave deterioro del estado del bienestar. Peligra todo lo público y, especialmente, el Sistema Nacional de Salud.
El detonante último de esta situación ha sido la crisis, pero sus causas esenciales vienen de atrás:
1-Fomento insensato de desmesuradas expectativas y generalización de la fascinación tecnológica.
2-Insuficiente implicación de la ciudadanía en el auto-cuidado y en la auto-responsabilidad, por falta de una educación sanitaria bien consolidada.
3-Ausencia de valentía de las sucesivas autoridades sanitarias.
4-Hipertrofia de la medicina hospitalaria y deterioro de la asistencia domiciliaria, con fallos en la continuidad asistencial.
5-Infraestructuras diseñadas para enfermos agudos, frente a una población envejecida y con patologías crónicas.
6-Desafortunada descentralización del SNS, con absurdos e insolidarios desequilibrios, despilfarros y desigualdades.
7-Alocadas incorporaciones al Sistema Público de carísimos medicamentos y tecnologías, con utilidades y evidencias científicas, insuficientemente acreditadas y poco o nada
contrastadas.
8-Equivocada funcionarización de los recursos humanos (ya lo hemos comentado con anterioridad: no es buena en Sanidad, ni en Educación, por desincentivadora)
Algunas claves para intentar garantizar el futuro:
1-Recuperación por el Gobierno de España de las competencias sanitarias básicas, con control de la actual y disparatada variabilidad diagnóstico-terapéutica entre las distintas autonomías.
2-Fomento de la Medicina Preventiva, más Atención Primaria y mejor coordinación de la Medicina Paliativa y el resto de los niveles asistenciales.
3-Mayor implicación familiar en el cuidado de la enfermedad y apoyo a la formación de los cuidadores.
4-Rigurosa y objetiva evaluación, previa a la introducción de nuevos medicamentos o técnicas, evitando, detectando y sancionando los conflictos de intereses no declarados y las intenciones comerciales no justificadas.
5-Contratación de profesionales, condicionada a la formación y a los objetivos, con evaluación periódica de sus competencias. Sueldo individual, según capacidad, eficacia y calidad de la praxis (científica, técnica y humana)
6-Racionalidad en la oferta de servicios sanitarios: no se puede pretender un hospital en cada pueblo, un servicio de neurocirugía en cada hospital, ni un médico por manzana o edificio.
7-Enfatizar en el respeto mutuo y en la mejora de las habilidades de comunicación, claves esenciales de la actividad médica.
8-Se precisa un rearme ético de la sociedad, y deontológico de los profesionales.
9-Aceptación, con responsabilidad y generosidad, de ciertas tasas disuasorias: razonables, asequibles y flexibles. Alguna forma de coparticipación (repago-copago) es necesaria para evitar la vuelta a la Beneficencia.
10-Privar de atención sanitaria pública a los no asegurados es un error y un retroceso: inmoral, peligroso e inviable.
11-Ahondar en la preparación y honradez de quienes deciden y gestionan, con abandono de dogmatismos programáticos e ideológicos.
12-Debatir con rapidez, utilidad, tolerancia y ganas de resolver, dando siempre protagonismo a los pacientes y con una visión comunitaria de salud responsable.
13-Se puede y se debe gestionar mejor lo público, con mayor despolitización. El “pesebre” siempre es malo, y funesto en Sanidad.
14-Asumir que estamos ante un SOS general y que se precisa una actitud de zafarrancho de combate, en defensa de lo público, con argumentos y sin aspavientos.
15-Entronización de la solidaridad y la Justicia, como auténticos imperativos éticos del contrato social de la Medicina.
16-La privatización no es la solución. No es cierto que la gestión mixta publico-privada sea siempre más eficaz. Por mucho que ese mensaje se repita con insistencia: no está demostrado, cuando de verdad se pretende preservar la calidad asistencial.